Otras Leyendas sobre la
Alhambra
Leyendas de La Puerta de la Justicia
Cuenta una leyenda sobre la puerta de la Justicia, relacionada con la
construcción misma de la Alhambra. Siempre se ha hablado de la dedicación puesta
en la construcción de la Alhambra, tanto en lo decorativo como en lo
arquitectónico. Se asegura que tan sumamente recia era su construcción que, aún
recibiendo el ataque de mil ejércitos enemigos, jamás caería. Así pues, el día
que la llave del arco interior de la Puerta de la Justicia y la mano de su arco
exterior se unan, es decir, si la Alhambra cae, será por que ha llegado el fin
del mundo. Otra leyenda cuenta sobre el Arco de la Justicia, que tal era la
magnificencia de esta entrada a la Alhambra, que se aseguraba que ningún
caballero, montado a caballo con su lanza, podría tocar con la punta de ésta la
mano esculpida en lo alto del arco exterior. Tan seguros estaban de ello, que
aseguraban que quien lo consiguiese conquistaría el trono de la Alhambra.
Leyenda de La sala de los Abencerrajes
El nombre de
Abencerrajes proviene del apellido de una familia de la nobleza de la época, que
tenían sus viviendas en el interior de la Alhambra. Dice la leyenda que esta
familia tenía como rival político a otra llamada Zenetes, los cuales decidieron
acabar con sus oponentes mediante una conspiración... Así, inventaron una
relación amorosa entre la sultana y uno de los Abencerrajes, para conseguir
despertar los celos y la ira en el sultán... El sultán, cegado por la
consternación, y en ocasión de una fiesta en la sala que lleva el nombre de la
familia, hizo decapitar sobre su fuente a los 37 caballeros que llevaban el
nombre de Abencerrajes. Se cuenta que el color rojizo que aun hoy día se puede
contemplar en la taza de la fuente, y en el canal que lleva su agua hasta la
fuente del Patio de los Leones, se debe a las manchas de la sangre de los
caballeros asesinados...
El Suspiro del Moro
Tras arrebatar los Reyes Católicos el
último reducto de la dominación musulmana a Boabdil (Mohamed Abu Abdalahyah); el
rey moro y su séquito fueron desterrados de Granada y les fue cedido un pequeño
territorio en las áridas Alpujarras, donde aguantarían aún unos años. La caída
de Granada se debió a la despreocupación de Boabdil por la defensa de Granada y
su afinidad a las fiestas y al ocio. Camino a su destierro, Boabdil no osó girar
la mirada hacia Granada, y sólo cuando estuvo a mucha distancia, sobre la colina
conocida por El Suspiro del Moro se detuvo y observando por última vez su
palacio... suspiró, y rompió a llorar. , y fue su propia madre quien le dijo:
"Llora como mujer lo que no has sabido defender como hombre".
Silla del Moro
Más allá del Generalife (cuando se observa desde la Alhambra), puede
observarse una desnuda y pelada colina que está coronada por unas ruinas.
Aún hoy día esta colina es conocida como La Silla del Moro. Esto
se debe a que, debido a una insurrección en la Ciudad de la Alhambra, el rey
Boabdil (último gobernante de la Granada musulmana) tuvo que buscar refugio en
este monte. Fue desde allí donde se sentó tristemente a contemplar su amotinada
Alhambra...
El Soldado encantado
Existió en la antigüedad un estudiante de Salamanca que durante el verano se
dedicaba a viajar y, cantando al son de su guitarra, conseguía fondos para pagar
sus estudios. Llegado a Granada, y celebrando la víspera de San Juan, reparó
en la presencia de un extraño soldado ataviado de lanza y armadura.
Preguntándole a éste por su identidad, el soldado dijo estar padeciendo un
encantamiento desde hacía 300 años: un alfaquí musulmán le conjuró a
montar guardia al tesoro de Boabdil por toda la eternidad, dándole sólo licencia
para salir de aquel escondrijo una vez cada 100 años... Preguntó el
estudiante cómo podía ayudarle. El soldado le ofreció la mitad del tesoro por él
custodiado si le ayudaba a romper el hechizo: se precisaba de un sacerdote en
ayuno y una joven cristiana. La joven no fue difícil de hallar, pero el único
cura que encontró era un obeso adorador de los manjares, por lo que mucho le
costó convencerlo, y sólo con la promesa de riqueza aceptó ayudarle.
Subieron aquella noche hasta el escondite, sito en la Alhambra, portando una
cesta de comida para que el párroco saciase su gula una vez acabado el trabajo.
Llegado ante una torre, las piedras de su pared se abrieron a la orden del
soldado, dejando al descubierto una estancia con el formidable botín... Una
vez dentro, y mientras realizaban el sortilegio, el hambriento cura se abalanzó
sobre la cesta y devoró un grueso capón. De repente estudiante, muchacha y
sacerdote se encontraron en el exterior de la torre y la entrada sellada... ¡el
hechizo se había roto demasiado pronto! Fue así como el soldado perdió la
oportunidad de escapar de tan cruel castigo, y los demás sus sueños de riquezas.
Aunque al estudiante le pesaban los bolsillos, lo que le permitió vivir en paz y
amor con la bella joven cristiana
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